IGOR DEL BUSTO.-
Si nos atenemos a las cifras de 2006 podríamos
decir que es casi invencible: Ha ganado 92 partidos y ha perdido cinco (cuatro
con Nadal y uno con Andy Murray).
En mi análisis previo al Masters de Shanghai
pronosticaba una victoria de Federer, lo cual no tiene mucho mérito, y
diseccionaba uno a uno sus golpes: su derecha y su revés, su extraordinario
juego en la red, su gran servicio...
Pero un tenista no se compone sólo
de golpes. Existen otra serie de factores que son comunes a los superclase.
Federer, por ejemplo, en los momentos clave y bajo presión juega todavía mejor,
además de que sabe sufrir cuando no está fino, como en semifinales de Basilea
hace un mes ante Srichapan o en el reciente Masters ante Roddick. Tiene también
la inteligencia y los recursos necesarios para cargar el juego sobre los puntos
débiles del contrario, cambiar su táctica durante un partido en caso de que su
plan A no funcione, introducir constantes cambios de ritmo y no pegar dos golpes
iguales.
El suizo, además, planifica perfectamente su temporada. Intenta
no saturarse y sabe cuándo parar. Este año 'solo' ha jugado 19 torneos, aunque
en todos ellos, salvo en Cincinatti, alcanzó la final. Como su juego es muy
natural y gana muchos partidos sin despeinarse apenas tiene lesiones musculares
y sólo sufre alguna torcedura de tobillo de vez en cuando.
Para la
próxima temporada, por ejemplo, ha renunciado a defender a su país en Copa Davis
(en cualquier otro sitio se hubiera montado una buena) para preparar bien la
campaña de tierra. El suizo sabe que le falta Roland Garros para pasar a la
historia como el mejor y ha planificado 2007 para vencer en París. Ahora bien,
tampoco descarta ganar, como este año, en Australia, Wimbledon y Open USA, y de
esa manera completar el Grand Slam en una misma temporada tal y como hizo el
australiano Rod Laver por última vez en 1969.
Todos sus rivales le
admiran. Cuando se enfrentan a él unos piensan que es imposible vencerle y
prácticamente tiran el partido, mientras que otros hacen el siguiente
planteamiento: «jugando a mi nivel habitual pierdo seguro, por lo que me las voy
a jugar todas y a ver si me entran». Normalmente no suelen entrar, pero de vez
en cuando coincide que entran y que Federer tiene un mal día y esas suelen ser
las pocas ocasiones en las que pierde, como este año en Cincinnati ante Andy
Murray.
De todos es sabido que le cuesta más jugar en tierra. Tampoco
mucho, porque a diferencia por ejemplo de Pete Sampras, Federer ha alcanzado las
finales de los tres torneos grandes de tierra como Roland Garros, Roma y
Montecarlo. En los tres tropezó con el indiscutible rey de la tierra batida Rafa
Nadal. Estos torneos, salvo en las primeras rondas, son partidos a cuatro o
cinco sets y con bastante calor. El manacorí se mimetiza con la tierra y con esa
garra y ese físico descomunal que tiene es muy difícil ganarle en partidos
largos. Rafa puede estar corriendo y pegando la bola cinco horas tranquilamente,
mientras que a Federer su tenis fácil y fluido se le atasca un poco. Los tres
ingredientes juntos, es decir tierra batida, Nadal y partido largo, serían el
talón de aquiles del suizo. No olvidemos que Nadal ha vencido 4 veces al número
uno mundial en 2006: en Dubai, Montecarlo, Roma y Roland Garros.
En
hierba es todo lo contrario: el helvético se encuentra como pez en el agua y los
partidos son clases magistrales de tenis. Sus contrarios deberían pagarle al
terminar por todo lo que aprenden. En moqueta de pista cubierta y en cemento al
aire libre su dominio también es casi total. Otra asignatura pendiente es la
Copa Davis. El espíritu de equipo se tiene o no se tiene, y parece que Roger
sólo lo tiene a veces. Hay que recordar que con Federer (1º ATP), Wawrinka (30º
ATP) y Allegro (39 ATP en dobles) Suiza podría ganar la Copa Davis. Supongo que
lo habrá dejado para más adelante.
Me gustaría destacar también su
capacidad para estar siempre motivado. Resulta difícil hacerlo en todos los
torneos, pero el suizo lo consigue. Hace falta ver ahora cuánto tiempo aguanta
al máximo y sin lesiones porque como siga igual va a ser difícil que veamos a
Nadal como número uno mundial.
23 de Noviembre de 2006 en El Correo
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